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2001



la joyería en las escuelas
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Hace años el crítico de arte Robert Hughes, señalaba como una de las causas de la decadencia de las escuelas de bellas artes americanas de los años sesenta y setenta, a la anexión de las enseñanzas artísticas a la universidad. Esto significó, según sus palabras, que la teoría se puso por encima de la práctica y la realización. Tener grandes pensamientos acerca de las historias y las estrategias era más noble que el trabajo manual, y el resultado fue un vuelco exagerado hacia lo conceptual.

En nuestro país, después de tantos años de desinterés por la enseñanza de los llamados oficios artísticos, nos encontramos con el mismo problema. Justo en el momento que se ponen en marcha los llamados Ciclos Formativos Superiores y se proyectan nuevas diplomaturas de nivel universitario para las artes aplicadas, como el cristal, la cerámica, o la joyería, se reduce radicalmente el tiempo destinado a la práctica y a la realización.
Lo que antes se aprendía durante años de duro aprendizaje, de disciplina, ahora se despacha en unas pocas horas semanales en sólo dos años, pero acompañado con un mucho de teoría.

Las escuelas han sido desde la década de los años 50 el motor de la renovación de la joyería, y de otras disciplinas, en Europa y en los Estados Unidos. Precisamente porque supieron integrar los valores universales del arte, las ideas, con la práctica y la exigencia de la disciplina. Pero unos aires conservadores y unos vientos post-modernos están haciendo cambiar esta situación.
Aires conservadores porque se pide a las escuelas que deben responder solamente a las necesidades inmediatas de la sociedad donde esta implantada, esto es, formar profesionales joyeros que se integren rápidamente al mundo laboral. Bien, pero no debemos olvidar que las buenas escuelas son aquellas que saben adelantarse, avanzarse, prever las necesidades del futuro, y fomentar el desarrollo integral de sus alumnos como personas, desvelar sus capacidades creativas, antes que echar profesionales al mercado de trabajo. Pero para esto hay que dar tiempo al alumno para madurar.
Vientos post-modernos porque nos llevan hacia una cultura artística volcada hacia la información y no hacia la experiencia, una cultura desmaterializada, virtual y light. Unos vientos que se llevan por delante todo lo que es lento, laborioso y esforzado, como lo es el aprendizaje de una disciplina como la joyería. La joyería es el arte de lo minucioso, de la elocuencia de los materiales extraída de sus más pequeños detalles. Su magnitud radica precisamente en su pequeña dimensión. Pero para conseguir esto se necesita tiempo. Hay que volver a recuperar el espíritu de aquella hermosa frase, Lento es bello.
Está claro que los políticos, técnicos, y burócratas, e incluso muchos profesores que participan en la planificación, elaboración y definición de los nuevos planes de estudio de los oficios artísticos, están más por la fast education que por lo lento, y que sienten una post-moderna aversión contra el trabajo manual, considerando indigno ensuciarse las manos en un taller. Por lo tanto hacen todos los esfuerzos bien intencionados para ennoblecer y dignificar a estas artes y a sus practicantes, dando a los nuevos programas un alto contenido conceptual y teórico y mandando a los estudiantes a la calle en un par de años convertidos en grandes profesionales del diseño y la teoría de la joyería.

Reclamar una enseñanza más rigurosa y profunda en lo específico, con todos los conocimientos, artes y ciencias que conforman una disciplina como la joyería, no significa apelar al gremialismo, ni a la tradición endogámica. Si no emprenderla con un espíritu universalista, abierto y atento para comprender la realidad que nos rodea, tal como muchas escuelas lo han intentado hasta ahora, entre ellas la Escuela Massana. Reclamar una enseñanza que respete la esencia de lo que es el arte, hacer experiencia. La experiencia de construirse uno mismo lentamente, en el diálogo directo de las manos con los materiales, con la forma.
Reclamar una enseñanza más rigurosa y profunda de los oficios artísticos, significa pedir a la sociedad que tome conciencia de que el futuro de una sociedad, se construye hoy en las escuelas, y que lo que hoy por hoy construimos en las escuelas es la tumba de todas las artes mal llamadas aplicadas o decorativas, la joyería incluida.


Ramón Puig Cuyàs
Profesor de la Escola Massana de Barcelona
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